Tres abuelas y un cocinero muerto

9788483657911Hombres y mujeres de distinta inteligencia, fuerza y ganas resuelven miles de casos  en las distintas novelas negras que salen cada día. Los niños también tienen curiosidad por este tipo de aventuras y los adolescentes se vuelcan en los misterios que aparecen en sus vidas para olvidar la suya propia. Pero, ¿qué pasa si las protagonistas de un caso son tres abuelas? Minna Lindgren nos lo cuenta en Tres abuelas y un cocinero muerto.

 

Sinopsis

Tienen 90 años. Pero no piensan morirse hasta descubrir al asesino. Siiri, Irma y Anna-Liisa son tres viudas de noventa años residentes en El Bosque del Crepúsculo, un centro privado de apartamentos para la tercera edad de Helsinki. Más que un  nidito acogedor para las personas mayores, la residencia resulta un lugar siniestro en el que los ancianos se ven privados de su identidad, rodeados todos los días por enfermeros vagos e inexpertos, y obligados a hacer gimnasia, a asistir a conferencias y a tomar un gran cantidad de medicamentos prescritos por médicos a los que apenas han visto. Parece que para las tres amigas los días ya solo traerán partidas de cartas, viajes en tranvía y asistencia a funerales. Pero en la residencia se empiezan a producir unos misteriosos asesinatos…y quizá nadie había contado con la curiosidad y el tiempo libre de unas inocentes ancianitas.

Opinión

Lo primero que debo decir acerca de este libro es cómo llegué a él. Tres abuelas y un cocinero muerto está dentro del thriller y la comedia y por ello está en la sección de novela negra. La primera impresión es de sorpresa al encontrarte un libro tan colorido en esta sección, pues lo normal es encontrar portadas con encuadres negros, imágenes borrosas o misteriosas, pero nunca algo así. Cuando por fin logras saciar la curiosidad cogiéndolo vuelves a sorprenderte al ver la contraportada: ¿tres señoras mayores a la caza de un asesino? Lo nunca visto. Y así es como nació la necesidad de leerlo cuanto antes.

El primero de la Trilogía de Helsinki no defrauda: partidas de cartas que sirven para cotillear, funerales llenos de problemas y un ángel aparecen entre otras cosas en esta comedia. Por supuesto, no falta el muerto (o muertos) que aparece desde el principio. Resulta que una residencia llena de veteranos de guerra y mujeres de distintos oficios no es tan aburrida.

Las tres protagonistas son de lo más dispares. Siiri, antigua enfermera de guerra y la que más sobresale en la novela es una mujer natural y pacífica, tan reposada que el mínimo sobresalto puede hacer que se desmaye. Al margen de esto, se desvive por su amiga Irma y admira la arquitectura de su ciudad mientras viaja en el tranvía, siguiendo las mismas líneas cada vez que sale de la residencia. Anna-Liisa es una recta profesora de lengua que nunca ha llegado a jubilarse, corrige cualquier error gramatical, pregunta los casos de su lengua a los más cercanos y no se anda con rodeos a la hora de preguntar. Por último, Irma es la alegría en persona aunque también el desastre, habla por los codos y realiza la labor de periodista para enterarse todos los cotilleos.

Estas tres mujeres son las encargadas de hacernos saber cómo es la vida de un anciano en El Bosque del Crepúsculo y en general de cómo se desenvuelve una persona con esa edad. Tienen su propia rutina: darse una vuelta en el tranvía, acudir a conferencias o a “gymkanas de la memoria” o tomarse un trozo de tarta, no sin antes tomar la pastilla “amarilis” de la diabetes para anular el efecto del azúcar y despúes un buen whisky. Son tan reales que puedes llegar a encontrar a tu abuela entre ellas. Pero el resto de personajes tampoco se quedan atrás como la pareja que hace escuchar su amor por el pasillo o el embajador, amante de las cartas.

La novela está escrita de manera que eres una anciana más, algo que hace darse cuenta de cómo tratamos a las personas mayores y al poco tacto que tenemos con ellos, incluso hay pasajes bochornosos viendo a ciertos personajes. Uno de ellos es la directora del centro, Sundström, una mujer que muestra una cara bondadosa al mundo como ángel de la guarda de los ancianos pero que en el fondo no le importan lo más mínimo, actitud que se refleja cuando se deja la vida pidiendo dinero para los niños de la India en vez de dedicar dos minutos a personas que estuvieron en la guerra. La empleada de unidad junto a su marido,el bedel que hace visitas esporádicas a las casas de los ancianos con su propia llave, son los que peor llevan su trabajo y además lo odian.

Por suerte, entre los empleados de la residencia y los propios familiares de los ancianos surge una persona que realmente los trata como seres normales: Mika. Aparecerá por el entierro del cocinero y servirá de ayuda a las tres abuelas para resolver los misterios de El Bosque del Crepúsculo.

Es un libro encantador en el que se mezclan los misterios que ocurren en la residencia con las graciosas situaciones por las que pasan las tres protagonistas, además de sus más allegados. Sin duda es una gran apuesta para reírse y también para entender a la tercera edad, de la que no escapa nadie.

Halló a Sundström sentada en su oficina, absorta en algún asunto en el ordenador. La iluminación del despacho era vaga, las oscuras cortinas estaban corridas y en la mesa ardía una vela maloliente al lado de una estatua de sal de gran tamaño que giraba; debía de tratarse de una especie de lámpara. A Siiri le dio la impresión de que la pantalla mostraba cartas, lo que era poco probable, pues no era posible jugar a los naipes en el ordenador.

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