Voces de Chernóbyl

voces-de-chernobilEl desastre de Chernóbyl de 1986 es el accidente nuclear más importante de nuestra historia. La radiación se llevó por delante a un número igual o superior a 4.000 personas, la ciudad se convirtió en un fantasma y el silencio sobre lo ocurrido sigue en pie. O tal vez no. Svetlana Aleksiévich nos muestra en Voces de Chernóbyl la otra cara de este desgracia: la humana.

Sinopsis

Un libro estremecedor que da voz a las personas que sobrevivieron al desastre de Chernóbyl y que fueron silenciadas y olvidadas por su propio gobierno. ”En mitad de la noche oí un ruido. Gritos. Miré por la ventana. Él me vio: ”Cierra las ventanillas y acuéstate. Hay un incendio en la central. Vendré pronto.” El relato de la esposa de Vasia, un joven bombero, abre este impactante libro sobre las secuelas que la catástrofe de Chernóbil dejó en personas que lo vivieron y de la manipulación de la información por parte de las autoridades soviéticas. Este libro está planteado como si fuera una tragedia griega, con sus coros y unos protagonistas marcados por un destino fatal que hacen oír sus voces a través de monólogos. Pero a diferencia de una tragedia griega, en Chernóbyl el orden no volverá a restablecerse: no hay catarsis posible.

Opinión

Svetlana Aleksiévich recibió en 2015 el Premio Nobel de Literatura y no se equivocaron. Esta autora mezcla su labor de periodista con la literatura creando así un nuevo género que podemos ver en todos sus libros (La guerra no tiene rostro de mujer, Los chicos de cinc o El fin del “Homo sovieticus”, entre otros). A pesar de ser una proeza dentro del ámbito de las letras no dejaron de aparecer voces discordantes sobre el periodismo visto como literatura (ver aquí parte del debate), lo cual es una pena porque existen otros galardonados que pertenecían al mundo de las crónicas que nunca se dudó sobre su Nobel, como es el caso de Gabriel García Márquez.

Lo especial de Voces de Chernóbyl reside en la manera de contar este episodio que marcó nuestra historia. El libro se compone de tres partes, cada una de ellas formada por numerosas entrevistas a distintas personas de edades y vidas diferentes; está ordenado de manera que al pasar de un relato a otro tenga una continuidad porque tienen algo en común, ya sea el oficio de la persona o una desgracia además del accidente. Asimismo, cada monólogo está coronado por una frase de la autora para darle un sentido a lo contado posteriormente, todas ellas con cierta emotividad y sacadas de la propia historia.

Svetlana trata de contarnos la verdadera historia de Chernóbyl, lo que vivió la gente que vivía apaciblemente en esa ciudad y en los alrededores. Además, al estar ordenado, el libro nos transporte desde los relatos de mujeres que nos cuentan cómo vivieron la última noche que vieron a sus maridos a niños no tan niños al hacer la entrevista que relatan la escapada de Chernóbyl. No podía faltar el apartado al personal que se hizo cargo del desastre, donde muchos hombres afirman haber ido a ciegas a retirar escombros radiactivos sin tener ningún tipo de información y, por supuesto, tampoco hablar de ello fuera ni explicar nada a los campesinos. Otras historias vienen de las personas que se negaron a irse de su hogar y cuentan cómo era la vida donde nadie quería estar y la vida era algo raro por los alrededores, a excepción de las mascotas abandonadas por los que huyeron; las últimas son las relativas al “después”, a cómo vivían esas personas en el exterior con sus consecuencias.

Voces de Chernóbyl es el grito desgarrador de miles de familias que sobrevivieron a un cataclismo y que no esperaban el sufrimiento que vivieron. Todavía quedaba reciente la crueldad de ciertas guerras pero no esperaban que esto fuese peor. Quizá lo más duro de los relatos es el darse cuenta de su veracidad en sus palabras, que no perdían nada con esa entrevista y realmente querían que se supiese la verdad detrás de todas las investigaciones realizadas. Las consecuencias de la radiación fueron horribles y por ello se intentó silenciar a la población de cualquier manera, incluso a los trabajadores de allí, quienes ejercían su trabajo sin protección y llevaron en la piel radiación que mató a su hijo recién nacido o incluso a ellos mismos.

No todo fueron los humanos, también la naturaleza sufrió los daños. Muchos son los que narran historias parecidas a antiguas leyendas de animales con más o menos partes del cuerpo de las que deberían tener y árboles del color de la sangre. Por desgracia no eran rumores: los animales a los que la radiación alcanzó en mayor medida experimentaron mutaciones que se harían visibles con el tiempo al igual que los bosques, los suelos y el agua.

Sin duda es un libro necesario para comprender la verdad de la tragedia nuclear, un episodio que mantiene la curiosidad actualmente y que consigue sacar dinero a costa de pequeñas excursiones por lo que queda de la ciudad y de la central. Ni qué decir la dureza que tiene cada una de sus páginas, es una lectura difícil y para nada amena, no serán pocas las veces que querrás dejar el libro, pero es imprescindible que los relatos de estas personas hagan hueco entre nosotros y den voz a los que no pudieron hablar sobre ello.

No sé de qué hablar…¿De la muerte o del amor? ¿O es lo mismo? ¿De qué?

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