Tres abuelas y un joyero de ida y vuelta

9788483659328Tras las aventuras vividas en El Bosque del Crepúsculo, las abuelas más marchosas se vuelcan en otra más complicada incluso que la anterior por lo que está en juego: la convivencia. Minna Lindgren lo ha vuelto a hacer con esta pequeña novela, esta vez llamada Tres abuelas y un joyero de ida y vuelta.

Sinopsis

Siiri, Irma y Anna-Liisa creen haber recuperado la tranquilidad de su rutina diaria en El Bosque del Crepúsculo, el centro para la tercera edad de Helsinki en el que viven. Pero pronto las tres abuelas ven cómo su vida pasa a convertirse en un infierno por unas obras de reforma interminables. Los trabajos se inician escandalosamente temprano, el ruido es ensordecedor, en las paredes surgen agujeros, los residentes tienen que usar inodoros portátiles… y el joyero de Anna-Liisa desaparece misteriosamente. A las ancianas no les queda más remedio que mudarse a un piso compartido, donde sus costumbres y manías no harán la convivencia nada fácil. Siiri, Irma y Anna-Liisa comienzan además a darse cuenta de que las obras de su residencia son bastante sospechosas y pueden encubrir otras actividades criminales. Cuando los secretos empiecen a desvelarse las tres amigas descubrirán que en esta vida poca gente está tan libre de culpa como parece.

Opinión

Las segundas partes suelen decir que nunca son buenas, pero de vez en cuando aparece la excepción que confirma la regla. Este es uno de los que rompen la generalización y supera con creces a la primera parte de la Trilogía de Helsinki.

Las personas que lleguen a este libro son las que han pasado buenos ratos con las tres protagonistas en la primera parte porque realmente se pueden leer separados sin seguir el orden. Por supuesto, siempre será mejor seguir la colocación que quiere el autor, pues ciertos aspectos se entienden mejor si antes hemos leído Tres abuelas y un cocinero muerto (aquí mi reseña).

Como he dicho antes, esta segunda parte supera en todo a su anterior. Los personajes vuelven a ser reales, parece que en cualquier momento te los vas a encontrar por la calle de lo bien descritos que están, son personas con sus detalles, sus manías y sus problemas. Estos matices personales se notan con la aparición del conflicto central de esta obra y su posterior solución-problema: las obras de la residencia y la mudanza de cinco personas mayores a un piso. El aspecto cómico del asunto está en la comparación de los abuelos con un grupo de jóvenes que buscan compartir piso para ahorrar dinero además de vivir la nueva experiencia, y el hogar en cuestión se trata de un piso de lujo con todo tipo de comodidades, aunque no están precisamente destinadas a los más mayores.

Entre jaleos e incomodidades, la mujer principal (Siiri) vuelve a ofrecernos pero esta vez con más nitidez la ciudad de Helsinki en todo su esplendor. Realiza múltiples viajes y actividades para gastar su tiempo libre cuando no tiene que cocinar, y es ahí cuando nos describe las rutas en tranvía con sus observaciones sobre arquitectura, el mercado que visita cada día buscando nuevas recetas para impresionar a sus compañeros de piso y en general, nos ofrece una visión sentimental sobre la ciudad, tratándola con cariño y respeto.

En cuanto a la parte del misterio, también nos sorprende dando un cambio radical a la forma de contarlo. El inicio se produce con la llegada de las obras a El Bosque del Crepúsculo y parece que se olvida hasta poco después de la mitad del libro, pero es una maniobra de distracción. La trama se desliza suavemente entre pequeños detalles que rodean el joyero de Anna-Liisa, el factor principal para entender el final, y poco a poco se va enredando hasta llegar a un final explosivo que nadie se espera a diferencia de Tres abuelas y un cocinero muerto.

Sin duda, Tres abuelas y un joyero de ida y vuelta adelanta a su anterior con mejores momentos que marcarán huella en el lector dándole buenas dosis de humor mezcladas en un trama oscura y cercana, pero también haciéndole ver cómo es la realidad de una persona mayor, las decisiones que debe tomar en cierto punto de su vida y cómo vivir cada día sin desmoronarse.

[Sobre la muerte]-Cierto. A la gente le gustaría morirse sin dolor de viejo, durmiendo en su propia casa, junto a los familiares -convino Anna-Liisa-, pero eso significaría que, aunque el anciano estuviera sano como una manzana, a cierta edad sus seres cercanos habrían de reunirse cada noche junto a su cama por si acaso fallece durmiendo.

-No creo que para un moribundo tenga importancia dónde se muere. La mayoría están tan medicados que no saben ni que están vivos.

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