Por China con palillos. Pistas para descubrir el país olímpico

9788423340552

Describir un viaje que has hecho supone hablar de los maravillosos monumentos que has visitado, las múltiples calles recorridas y, sobre todo, de la comida. Un viaje no sería nada sin la gastronomía y así nos describe Andrea Rodés China en su libro Por China con palillos.

Sinopsis

Andrea Rodés ejerce el periodismo en China, y fruto de esa experiencia es el presente libro, ágil introducción a una realidad exótica y a la vez cotidiana: sus horarios, sus ciudades, sus gentes, sus edificios, sus ríos y sus ares, sus montañas, sus trenes… y su cocina. La que se come en las mesas de los restaurantes y en las casas. Porque la cocina, quizá el rasgo más característico y perdurable de toda sociedad, y sin duda uno de los símbolos de China, es el elemento escogido como columna vertebral de esta obra, afortunada suma de testimonio personal, crónica de actualidad, narración de viajes y reportaje sobre el cambio vertiginoso de un país dispuesto a abrirse (y a imponerse) al mundo.

Una mirada joven y penetrante a la China actual, para saber de primera mano lo que ese mundo, tan rico y seductor, tiene hoy que ofrecernos.

Opinión

Por una vez, Andrea Rodés cuenta un viaje desde otra perspectiva que la del mero paseo por los monumentos. A través de la gastronomía china nos presenta poco a poco una sociedad desconocida y llena de misterios por descubrir.

El inicio del libro es muy interesante puesto que la autora es periodista y se lanza a la aventura junto a su acompañante yendo a un país del que no sabía nada, ni siquiera el idioma. Tras un intento exhaustivo de entender el chino mandarín apareció en China con cuatro pinceladas de su lengua y sin conocer las costumbres más básicas, pero invisibles a ojos occidentales.

Con la excusa de la comida nos permite realizar un recorrido por distintas ciudades de todo tipo: algunas más conocidas que otras, ciudades llenas de ruido y otras donde reina la paz; todas ellas retratadas desde el punto de vista del reportaje. Cada capítulo comienza con el viaje a dicho destino, describe la ciudad apelando a los sentido, incluso podemos arrugar la nariz ante el olor a fritanga de algunas calles, y finalmente termina hablando de los platos que comió en esa ciudad. Gracias a la autora podemos conocer más la gastronomía china, que no es solo fideos y arroz, sino que se compone de múltiples variantes a cada cual más apetitosa.

Lo más interesante de este cuaderno de viaje, además de las fotos de los dos viajeros incluidas entre las hojas del libro, son las conversaciones que mantienen con la gente que vive allí, los que verdaderamente conocen el país y explican a personas desconocidas con total confianza cómo funciona su sistema, sus calles y sus tradiciones. Es importarte decir que está escrito en 2008, de ahí el nombre de “Pistas para conocer el país olímpico”.

Por China con palillos nos da una mirada refrescante de un país desconocido por los occidentales y que puede aportarnos gran cantidad de sabiduría si nos parásemos alguna vez a observarlo.

Comiendo con palillos nunca llegas a atiborrarte. Es imposible llevarse grandes cantidades a la boca y la comida se digiere mejor. Los chinos sueñen estarse horas sentados a las mesas y casi nunca se acaban el contenido de los platos. La tradición dice que dejar restos de comida en el plato es de buena educación: se interpretaba que el anfitrión había sido suficiente,ente generoso. Pero en estos días manda el bolsillo, y las tradiciones quedan en segundo plano. Así que los chinos, cuando van a un restaurante y les sobra comida, se la llevan a casa. “Bao dao”, hay que decirle al camarero: “para llevar”.

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