La ridícula idea de no volver a verte

9788432215483Marie Curie, la mujer que ganó dos Premios Nobel, es considerada una de las mujeres más frías y concentradas en su trabajo. Pero también existía otra faceta de ella, la más humana, aquella que estalló a partir de la muerte de Pierre. La ridícula idea de no volver a verte repasa su vida desde otra perspectiva.

Sinopsis

Cuando Rosa Montero leyó el maravilloso diario que Marie Curie comenzó tras la muerte de su esposo, y que se incluye al final de este libro, sintió que la historia de esa mujer fascinante que se enfrentó a su época le llenaba la cabeza de ideas y emociones. La ridícula idea de no volver a verte nació de ese incendio de palabras, de ese vertiginoso torbellino.
Al hilo de la extraordinaria trayectoria de Curie, Rosa Montero construye una narración a medio camino entre el recuerdo personal y la memoria de todos, entre el análisis de nuestra época y la evocación íntima. Son páginas que hablan de la superación del dolor, de las relaciones entre hombres y mujeres, del esplendor del sexo, de la buena muerte y de la bella vida, de la ciencia y de la ignorancia, de la fuerza salvadora de la literatura y de la sabiduría de quienes aprenden a disfrutar de la existencia con plenitud y con ligereza.

Opinión

Una de las científicas más prestigiosas y también reconocida como una mujer de sangre polaca, fría, sin sentimientos, que vivía por y para su trabajo. ¿Quién podría decir que debajo de ese caparazón viviera un volcán de emociones? Gracias al diario de María Sklodowsca, la periodista y escritora Rosa Montero nos guía a través de esa línea interna desconocida para la gran mayoría.

Para ello, usa como hilo principal la muerte de Pierre Curie, el hombre que amaba Marie por encima de su trabajo en el laboratorio. Su relación era muy especial, tanto que su muerte la trastornó y marcó un antes y un después en su vida. El diario está escrito a partir de esa muerte y en él rememora los últimos días con su marido y plasma el mismo día en el que recibió sus pertenencias por el accidente, además de describir los días posteriores incluyendo pequeños momentos de ellos. Estos fragmentos tan personales de la científica han sido muy estudiados puesto que está dirigido a Pierre, como si fuera una carta al más allá.

Leyendo sus palabras, el lector es capaz de ponerse en su piel, ver a sus hijos correteando de un lado a otro mientras su madre intenta seguir con su vida como puede mientras se apoya en su trabajo, incluso puede llegar a incomodar por lo personal que resulta. Marie Curie era una persona tan fuerte que llevaba esa fortaleza a los sentimientos, y muchas veces acababa desbordada por ellos. Un momento clave para entender esto es el día que quemaron las ropas de Pierre, donde Marie narra que también echó al fuego un pañuelo lleno de sangre y demás que utilizó para limpiar la cabeza herida de muerte.

La época que vivió también es notable para entender su gran carácter. Esta mujer recibió dos Premios Nobel, de Física y de Química, entre un grupo enorme de hombres que se negaban a ceder su ansiado premio a una mujer. Por suerte, había personas adelantadas a su edad como Einstein, quien alabó a Marie Curie desde el momento que la conoció.

Una historia tan personal solo puede ser contada por alguien que haya vivido las mismas o parecidas circunstancias, y este es el caso de Rosa Montero, autora de este libro. Rosa Montero sufrió una pérdida de la que pudo sobreponerse con mucho tiempo y esfuerzo de su parte. Lo que hace en La ridícula idea de no volver a verte es interpretar con cariño y pausa los fragmentos del diario de Marie Curie y añadiendo pequeñas disertaciones sobre la vida, la muerte y el amor.

La ridícula idea de no volver a verte es un libro muy especial para su autora, para la protagonista que vivió una vez entre nosotros y también para quien lo lea, porque todos acabaremos sufriendo una pérdida que nos marque.

Los humanos nos defendemos del dolor sin sentido adornándolo con la sensatez de la belleza. Aplastamos carbones con las manos desnudas y a veces conseguimos que parezcan diamantes

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