El señor de las moscas

libro_1322162278En ocasiones, un grupo de niños que no pasan de quince años pueden enmarcar las pasiones más ocultas del ser humano mejor, incluso, que los propios adultos. El ejemplo de esta frase se encuentra en El señor de las moscas, de William Golding.

Sinopsis

Una treintena de muchachos son los únicos supervivientes de un naufragio en el que perecen todos los adultos. Enseguida se plantea cómo sobrevivir en tales condiciones, y no tratan en crearse dos grupos con sus respectivos líderes. Ralph se convierte en el cabecilla de quienes están dispuestos a construir refugios y a recolectas, mientras que Jack se convierte en el jefe de cazadores, animados por un espíritu más aventurero. Las tensiones entre ambos bandos desembocan en un enfrentamiento que se resuelve en un baño de sangre.

Opinión

Para un escritor, el ejercicio más simple para conocer realmente a unos personajes es obligarlos a enfrentarse a una situación de tensión y ver cómo salen del apuro. Y digo un escritor porque este libro retrata un experimento social que podría hacerse pero que, viendo los resultados en ficción, podemos asegurar que la realidad no podría cambiar demasiado.

Así es como asistimos en primera persona, como si observásemos una pecera desde el otro lado del cristal, al sentimiento de supervivencia de unos niños y de cómo en situaciones llevadas al límite responden los seres humanos. Porque es cierto que no han llegado ni siquiera a la adolescencia, incluso los dos jefes están en la edad media de los que se encuentran en la isla, pero simplifican la actitud de cualquier edad.

Dentro de esos 30 niños, aparecen para comandarlos a todos los dos chicos anteriormente mencionados, Ralph y Jack, las dos partes de una misma moneda, el liderazgo. Mientras Ralph representa el orden, la razón y la lógica para llevar el mando sosegadamente y sin problemas, además de pensar en cómo salir de la isla, Jack es la impulsividad, la envidia y la competitividad, el ansia por la diversión que le llevará poco a poco a soltar una violencia que creía escondida. La tensión se masca cuando ambos jefes se enfrentan por algún motivo, se escupen las palabras con veneno y podemos imaginar las miradas que se echan para no matarse.

Además de los dos pilares, hay otros dos personajes que reflejan sentimientos importantes dentro de la trama, como son Piggy y Simón. El primero de ellos es la inteligencia personificada en un chico algo rechoncho, con gafas y un poco pedante, lo que hace que se gane el desprecio del resto y es ignorado excepto por Ralph. El segundo es algo más complicado puesto que es el único personaje que “ve” la verdad como tal, la realidad de lo que ocurre en la isla. Por supuesto, no podía faltar el que le da nombre a este libro: el Señor de las Moscas, pero es necesario leerlo para comprender toda la trama, el título y la aparición de este nombre.

El señor de las moscas es un clásico imprescindible para indagar en la peor parte de nosotros, en la pérdida de la inocencia, en la violencia y en lo que supone el ámbito social con todas sus consecuencias.

Frente  Simón, el Señor de las Moscas pendía de la estaca y sonreía en una mueca. Por fin se dio Simón por vencido y abrió los ojos; vio los blancos dientes y los ojos sombríos, la sangre… y su mirada quedó cautiva del antiguo e inevitable encuentro

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