El guardián entre el centeno

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La adolescencia es una etapa indescriptible. Los adultos no logran comprender por qué actuaban de maneras tan extrañas durante esos años, los niños no ven la diferencia y los propios adolescentes tienen suficiente con vivir en un continuo calvario. Por eso El guardián entre el centeno de J.D. Salinger tiene el valor que le han otorgado: ofrece por fin un retrato fiel de un chico con dieciséis años.

Sinopsis

Publicada originalmente en 1945, la obra maestra de Salinger se convirtió inmediatamente en una obra de culto de toda una generación de lectores. La impresionante fuerza con que el adolescente protagonista se mira a sí mismo es de una brillantez sostenida como sólo muy pocos autores pueden lograr. Las peripecias del adolescente Holden Cauldfiel en una Nueva York que se recupera de la guerra influyeron en sucesivas generaciones de todo el mundo. En su confesión sincera y sin tapujos, Holden nos desvela la realidad de un muchacho enfrentado al fracaso escolar, a las rígidas normas de una familia tradicional, y a la experiencia de la sexualidad más allá del mero deseo.

Opinión

Pocos escritores han conseguido retratar la vida interior de un adolescente sin prejuicios ni estereotipos, pero Salinger pudo con ello. Este libro ha pasado a la historia como uno de los mejores que se han escrito en el siglo XX y no lo discuto.

Holden Cauldfield es el protagonista, un joven de dieciséis años que vive en Nueva York y duda entre comerse el mundo o mantenerse alejado, tomando una posición de observador. Escrito en primera persona y haciendo uso de los coloquialismos más utilizados por los adolescentes, Holden nos cuenta poco a poco su historia y comienza con su nueva y reciente expulsión del instituto, nueva porque no es la primera vez. Antes de que sus padres reciban la mala  noticia, recoge sus pertenencias y se va la aventura sin pensar demasiado en lo que hace porque realmente no sabe qué hacer, por ello decide pasar la noche en un hotel. Así,  nos relata sus peripecias durante tres días hasta que regresa a su casa además de mezclar el presente con su pasado, sus historias personales y su visión particular del mundo.

Resulta muy interesante leer este libro porque rompe los esquemas de la gran mayoría. Holden es un adolescente, pero no por ello tiene que vivir esperando la próxima fiesta. Al contrario de los que le rodean, analiza cada paso y cada momento de su día a día y le encanta leer aunque no pueda compartirlo con su compañero de habitación. Se nota cierta madurez en sus palabras pero él no se da cuenta. Otro punto importante de esta obra es que realiza un estudio psicológico de las personas y un ejemplo son los motivos que le llevan a dejar tantos institutos. A primera vista puede parecer una locura porque los estudios son básicos, pero él se fija en lo poco que aprende en las clases y en la falsedad que observa en los profesores, esto sin contar los cabezahuecas que resultan ser sus compañeros.

Todos podemos ponernos en el lugar del protagonista porque pasamos esta etapa en la que quieres destacar y ser original pero en su justa medida porque debes pertenecer a un grupo. La presión social pasa a un primer plano y la sensibilidad que puede expresar alguien como Holden por el arte o como consecuencia de la muerte de su hermano es motivo de risa, en especial si eres chico. Por eso resulta tan fácil empatizar con él y comprender todo lo que se le pasa por la cabeza, además de la gracia con la que cuenta sus aventuras. Por último, el nombre del libro tiene un significado especial que deriva de la canción popular “Coming´Thro´the Rye”, escrita por Robert Burns. El título, como explica el protagonista a su hermana Phoebe, alude a que le gustaría ser el guardián entre el centeno que protegiese a los niños para que no cayesen al abismo.

El guardián entre el centeno es una obra maestra que debería leer gente de todas las edades para entender a un adolescente, alguien que está pasando una etapa muy importante para su vida y que marcará para siempre su futuro.

No cuenten nunca nada a nadie. En el momento en que uno cuenta cualquier cosa, empieza a echar de menos a todo el mundo

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