Una madre

9788416120437_L38_04_xCuando no queda nada, cuando la vida ya no puede dar más vueltas y lo que tenemos está roto o se desvanece en la nada, es el momento de refugiarse en la familia, en aquellos que nunca nos abandonan y de los que nunca podremos (o deberíamos) renegar. Ese es el tema principal de Una madre, de Alejandro Palomas.

Sinopsis

El retrato de una ciudad acogedora y esquiva a partes iguales, de una familia unida por los frágiles lazos de la necesidad y del amor y la mirada única de una mujer maravillosa en un momento extraordinario.
Faltan unas horas para la medianoche. Por fin, después de varias tentativas, Amalia ha logrado a sus 65 años ver cumplido su sueño: reunir a toda la familia para cenar en Nochevieja. Una madre cuenta la historia de cómo Amalia entreteje con su humor y su entrega particular una red de hilos invisibles con la que une y protege a los suyos, zurciendo los silencios de unos y encauzando el futuro de los otros. Sabe que va a ser una noche intensa, llena de secretos y mentiras, de mucha risa y de confesiones largo tiempo contenidas que por fin estallan para descubrir lo que queda por vivir. Sabe que es el momento de actuar y no está dispuesta a que nada la aparte de su cometido.

Opinión

Nochevieja es el día de la familia, para lo bueno y para lo malo. Es la noche perfecta donde la tensión fluye por la mesa, las pequeñas pullas se mueven entre los platos y también las sonrisas al final de las tiranteces. Y por esta razón, ¿qué mejor manera de retratar a una familia que narrando su Nochevieja?

Como no podía ser de otra manera, sus miembros no son normales y corrientes. Fer se convierte en narrador desde la sombra y es el que nos guía por los destrozos y las buenas caras de la fiesta. A su lado se encuentra Silvia, su hermana obsesionada con la limpieza hasta el extremo y con un carácter seco y sarcástico; al otro lado su otra hermana con su respectiva pareja, Emma y Olga, la mujer más sumisa y tranquila de todos ellos junto a la más “correcta”; siguiendo las sillas está el tío Eduardo, mujeriego que se ríe abiertamente de la vida y por último la gran protagonista del libro y de la noche: la madre, Amelia.

Escrito en segunda persona, algo poco usual, la novela se mueve entre el absurdo y la comedia y la sensibilidad. El humor se manifiesta en las historias del pasado que nos cuenta Fer para ponernos en contexto del siguiente diálogo que se producirá en la noche, en el presente, pero sobre todo aparece gracias a la figura de la madre. Amalia es una señora de 65 años recién divorciada, con una alegría apabullante que mezcla realidades sin ton ni son, que vive entre disparates con su amiga Ingrid y que suelta comentarios a destiempo. Es tan real que podemos ver a nuestra propia madre llevando la sopa a la mesa mientras nosotros nos tapamos los ojos y decidimos no seguir arreglando la situación porque no tiene solución. Amalia es la madre de todos y cada uno de nosotros con sus torpezas y también su ternura, porque sus hijos son lo primero y también tiene sus heridas como cualquier persona.

El humor aparece en la mesa, a su vez, gracias al tío Eduardo y a su diplomacia que no siempre acierta pero que consigue sacar adelante la conversación cuando su hermana la estropea, Silvia contiene a duras penas su mal humor, Emma mira constantemente la pantalla del móvil, su pareja interviene con un “deja que te diga…” o un “correcto” a cualquier oración y Fer prefiere mantenerse como un mero espectador. Sin duda a todos nos suena esta escena, solo hay que rebuscar entre nuestros recuerdos navideños. Pero no todo gira alrededor del absurdo. Éste es consecuencia de algo que se esconde en el interior de cada personaje, cada uno actúa de una manera por algo ocurrido en el pasado y que nos cuenta el narrador poco a poco, con calma, antes de que ocurra un hecho importante en el presente de la trama. La manera de contar su Nochevieja da que pensar al lector, pues una persona como es el caso de Olga, que no conozca a cada uno de esa familia, ni su pasado ni sus traumas, no entenderá nada de lo ocurrido e incluso se llevará a casa una sensación de que están locos.

Así, el autor nos lleva de la mano enseñándonos la vida de cada uno gracias a los detalles, los diálogos, las cosas que pasan desapercibidas y que luego constituyen un antes y un después…Un cartel luminoso que emite mensajes desde una azotea junto al puerto, una silla en la que desde hace años jamás se sienta nadie, una Barcelona de cielos añiles que conspira para que vuelva una luz que parecía apagada, unos ojos como bosques alemanes, una libreta que aclara los porqués de una vida entera y un perro son algunos de los muchos resquicios que aparecen y que forman parte de los personajes.

Una madre es un excelente ejercicio para recapacitar sobre la relación que tenemos con nuestra familia y en especial con nuestra madre, el pilar de sus hijos. Porque todos hemos pasado vergüenza con sus comentarios, nos hemos reído de su inocencia ante ciertas situaciones y muchas veces nos hemos enfadado por cosas imperdonables que hoy están olvidadas, pero al final solo queda el cariño y el amor hacia ella.

“Díos mío”, pensé, sentado en la butaca que ocupaba junto a tío Eduardo, “cómo es posible que seamos tantos mundos funcionando tan en paralelo y que aun así sigamos entendiéndonos”

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