Instrumental. Memorias de música, medicina y locura

9788416290437La música es la bella voz de los sentimientos con sus altibajos, sus instrumentos y en ocasiones, también con sus cantos. Pero lo que no sabemos es a cuánta gente le ayudó el sonido de las cuerdas de una guitarra o de las teclas de un piano a sobrellevar un episodio en nuestra vida. En el caso de James Rhodes, como nos cuenta en su libro Instrumental, le salvó de la muerte.

Sinopsis

James Rhodes es uno de los más eminentes concertistas de piano de la actualidad y un gran renovador de la música clásica. Ha protagonizado documentales para la BBC y Channel 4, escribe en The Guardian y ofrece recitales en todo el mundo. «Instrumental» son sus memorias, que vieron la luz en Reino Unido después de que el Tribunal Supremo levantara el veto que pesaba sobre la obra. Todo un tributo apasionado al poder terapéutico de la música y que aborda cuestiones fascinantes sobre cómo funciona la música clásica y sobre cómo y por qué puede cambiar nuestras vidas.

Opinión

¿Quién no ha sentido que se le eriza el vello al escuchar a Dvořák o a Einaudi? La música clásica se mantiene apartada del resto de estilos pero es conocida por todos y nadie podrá negar que somos capaces de recrear una partitura famosa en nuestra cabeza, véase la “Fur Elise” de Beethoven. Pese a su importancia, persiste el mito del “aburrimiento” al que nos sometemos por buscar a Chopin en vez de a Enrique Iglesias. Por suerte para todos, de vez en cuando aparece alguien que venera este estilo de música con una extensa historia a sus pies y que intenta hacérselo ver al resto.

James Rhodes es uno de ellos, de los que prefieren sentarse a escuchar tres horas de Bach para luego intentar emularlo él mismo frente a su propio piano. Pero todo tiene un comienzo y por desgracia el punto de partida se repite cada día en el mundo: llegó a la música clásica tras haber sido violado por su profesor de gimnasia en el colegio. En Instrumental, Rhodes se desnuda y se sincera para escribir en sus memorias pasado y el presente; el futuro siempre es incierto. Así, empieza con lo que marcará su vida por completo y sigue su autobiografía con dureza, con palabras que duelen cuando las leemos aunque nunca lleguemos a sentir lo que nos quiere transmitir. Porque el palabras del autor, unos abusos sexuales te acompañan en cualquier detalle, pensamiento y momento.

Los años venideros siguieron con traumas, manías, psicólogos, varios intentos de suicidio y numerosas recaídas en hospitales psiquiátricos. Resulta ser un libro muy sensible porque no se calla nada, incluso ciertas partes avisa de que no todos pueden soportar las líneas que hay después de la advertencia, y es totalmente cierto. La vida de James Rhodes es un auténtico camino de altibajos donde alcanzaba el equilibrio en contadas ocasiones, los altos eran disfrutados y los bajos tocaban el suelo.

Y aquí es donde aparece la música. El piano llegó a sus manos en el instituto y era la única manera de evadirse, de dejar a un lado sus problemas. Las notas musicales le acompañaron desde entonces y es su principal sustento, además de un trabajo que le ha costado sus horas para recibir el merecimiento y el éxito que tiene ahora como concertista.

Un detalle del libro y que merece la pena pararse a observarlo es cómo se presentan los capítulos: al inicio, Rhodes escribe una obra musical a modo de banda sonora y habla de la vida del autor, de curiosidades y anécdotas suyas y de por qué escoge esa canción y no otra para ese apartado en cuestión. Es importante porque en sus conciertos sigue la misma máxima, habla de los músicos que va a interpretar antes del concierto para poner en el contexto al público y para intentar acercar la música clásica a todas las edades.

Instrumental es una autobiografía desgarradora de cómo unos abusos sexuales te pueden cambiar y marcar la vida y de cómo la música clásica con sus notas entristecidas, enfurecidas y alegres son capaces de ponerte en pie y hacer que tengas un motivo por el que vivir.

Parece que nos hemos convertido en una sociedad de creatividad perdida y añorada. Un mundo en el que la gente se ha rendido (o los que han forzado a rendirse) a una vida sonámbula compuesta por el trabajo, las obligaciones domésticas, los pagos de la hipoteca, la comida basura, la tele basura, el todo basura, ex-mujeres enfadadas, hijos con déficit de atención y el gran atractivo de comer pollo en un cubo mientras se mandan emails a clientes a las ocho de la tarde de un fin de semana

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